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Dedicamos esta breve reflexión a todos los padres. Nuestra reflexión gira en torno a la idea del reconocimiento al padre y a la madre en un mismo día; porque no se puede ser madre sin la participación del hombre y no se puede ser padre sin la participación de la mujer. De tal manera que separar los reconocimientos y festejos, nos ha llevado a inclinar la balanza del reconocimiento hacia la madre disminuyendo el del padre. Aunque muchos son los intereses (sobre todo comerciales) que se mueven para reconocer la labor de las madres. Finalmente es el esposo y los hijos que se benefician con los regalos (la lavadora, el refrigerador, electrodomésticos e incluso el automóvil).
Si Dios le permite al hombre y a la mujer la experiencia única de traer una vida a este mundo, este sería realmente el motivo de la celebración, ¡la vida! Entonces, estaríamos rescatando uno de los valores divinos y distinguiendo entre lo que se valora por nuestra sociedad consumista.
Necesitamos rescatar el valor de la vida. La vida de una mujer que sucumbe a sus sueños. La vida de un hombre que acaba sus fuerzas proveyendo a su familia. La vida de dos personas que se dieron para que florecieran otras. Esto es lo que se tiene que celebrar con profundo respeto y admiración; con expresiones que anteponen lo espiritual a lo material y superfluo. Así estaríamos creando en nuestra generación una cultura de respeto a la vida, a los padres y al Dios de la Vida.
Por otro lado, ser padre y madre es un privilegio único; porque son los padres los que tienen a unos grandes maestros en casa. Los hijos enseñan a los padres a vivir en coherencia con lo que dicen y hacen; a ser veraces; a practicar la humildad; a tener un buen concepto de sí mismos; y trabajar las desventajas de su carácter. Son los padres quienes tienen a quien influir (para bien o para mal) las 24 horas del día, y así influir en su sociedad a través de sus hijos.
Ser hijo es participar en la formación de la carrera que dura toda la vida "ser padres", y a su vez continuar con ella. Padres e hijos transmitiendo y enseñando el valor de la vida, de las vivencias que mutuamente propiciamos para enriquecernos.
Es donde reconocemos la necesidad del "otro" para que el sentido de la celebración se de en el reconocimiento de todos y no sólo de una persona. La participación de los hijos lo ilustra muy bien el pensamiento titulado "Oigamos a Nuestros Hijos", (Elsa Sentíes y Rafael Martín del Campo, Un instante para ti,Vigésima séptima edición, 1991, pp. 92-94).
"No me des todo lo que pida. A veces yo sólo pido para ver hasta cuánto puedo obtener.
No me des siempre órdenes; si en vez de órdenes a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.
Cumple las promesas buenas o malas. Si me prometes un premio, dámelo; pero también si es un castigo.
No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o hermana. Si tú me haces lucir peor que los demás, entonces seré yo quien sufra.
No corrijas mis faltas delante de nadie. Enséñame a mejorar cuando estemos solos.
No me grites. Te respeto menos cuando lo haces y me enseñas a gritar a mí también, y yo no quiero hacerlo.
Déjame valerme por mí mismo. Si tú haces todo por mí, yo nunca aprenderé.
No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que las diga por ti, aunque sea para sacarte e un apuro. Me haces sentir mal y perder la fe en lo que dices.
Cuando yo hago algo malo no me exijas que te diga porqué lo hice. A veces ni yo mismo lo sé.
Cuando estés equivocado en algo, admítelo y crecerá la opinión que yo tengo de ti. Y me enseñarás a admitir mis equivocaciones también.
Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con que tratas a tus amigos, ya que porque seámos familia eso no quiere decir que no podamos ser amigos también.
No me digas que haga una cosa y tú no la haces. Yo aprenderé y haré siempre lo que tu hagas, aunque no lo digas, pero nunca lo que tú digas y no hagas.
Enséñame a conocer y a amar a Dios; pero de nada vale si yo veo que ustedes no conocen ni aman a Dios.
Cuando te cuente un problema mío no me digas "no tengo tiempo para boberías", o "eso no tiene importancia". Trata de comprenderme y ayudarme. Y quiéreme y dímelo. A mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas necesario decírmelo".
Compartimos este punto de vista con la intención de aportar criterios de reflexión para cuestiones de la vida. |